El fantasma Fujimori

Investigación Especial Parte 1

4/10/20263 min read

Parafraseando al expresidente chileno Salvador Allende, y colocando el concepto en el Perú de hoy, ser joven y votar por un Fujimori es una contradicción hasta biológica.

Los nuevos votantes, esos que se estrenan en las lides democráticas en estas elecciones de 2026, no vivieron en carne propia el régimen represivo del expresidente Fujimori. Y podríamos pensar que, quien está en la boleta es Keiko, su hija, y no Alberto, el expresidente. Pero, a pesar del cambio de persona en la candidatura, Keiko ha defendido hasta el exceso la gestión de su padre, y representa los mismos intereses que lo llevaron al poder y respaldaron el autogolpe de 1992.

Por ello, consideramos necesario repasar, con el rigor que distingue a nuestras investigaciones, lo más negro de la sombra del fujimorismo, que a más de 30 años se empeña en dominar el ambiente político del Perú. Este recuento documental está orientado para esas nuevas generaciones de votantes, con el deseo de que se informen y tomen la mejor decisión.

Alberto Kenya Fujimori Inomoto

Hijo de inmigrantes japoneses, ingeniero agrónomo y profesor universitario sin trayectoria previa en la política, Fujimori se salía de los estándares usuales entre los candidatos para las elecciones presidenciales de 1990. Se salía de las élites y los partidos históricos que dominaban las contiendas.

Por entonces, la coalición política Frente Democrático lanzaba al escritor Mario Vargas Llosa, quien era el favorito de la campaña entre las clases altas, los intelectuales y el empresariado, pero no logró fidelizar el apoyo popular. Sin embargo, el outsider de ascendencia oriental y ninguna experiencia en la carrera, terminó haciéndose del poder.

Tras llegar a palacio de gobierno, Fujimori se centró en revertir la catástrofe económica de la hiperinflación superior al 300% dejada por su antecesor Alan García. Aunque el famoso fujishock de 1990 produjo un golpe de mayor precariedad y el aumento de los precios, con el tiempo permitió una salida sostenida a la crisis y estabilizó la economía nacional.

El 5 de abril de 1992, a la sombra en su enorme respaldo popular, Fujimori dispuso un cierre inconstitucional del Congreso de la República, bajo la premisa de que era necesario instaurar un “gobierno de emergencia” y que la oposición en el Parlamento obstruía las iniciativas de reforma del régimen.

El régimen de Fujimori cayó en el 2000, poco después de su cuestionada segunda reelección, tras revelarse un primer video en el que su asesor Vladimiro Montesinos sobornaba a un parlamentario. Convenientemente, el mandatario desvió un viaje oficial y se autoexilió en Japón, desde donde pretendió renunciar por fax. El congreso, no obstante, rechazó su dimisión y lo inhabilitó de la función pública por abandono del cargo.

Años después, sería arrestado en Chile, desde donde habría buscado retornar a Perú para tentar nuevamente el poder.

Lo que seguiría para el fujimorismo

La huella política del expresidente, continuada por su hija Keiko, quien postuló sin éxito a la presidencia en tres ocasiones y va por una cuarta oportunidad, se asentó con el tiempo en una corriente de derecha que sus simpatizantes defienden hasta hoy. El llamado fujimorismo es una fuerza que mantiene la lealtad de un grupo duro de seguidores.

Se ha buscado caracterizar a Alberto Fujimori como una especie de héroe. Lo hacían cuando estaba vivo y lo siguen haciendo ahora que ha fallecido. Lamentablemente, su muerte se prestó a ser instrumentalizada a través de discursos políticos que lo enaltecen. Sin embargo, es importante que el líder de un gobierno autocrático no sea santificado de esa manera.

Si bien Alberto Fujimori fue sentenciado por los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, secuestros y otros varios cargos por corrupción, la Justicia peruana seguía exigiéndole cuentas al momento de su muerte. En la próxima entrega hablaremos sobre los momentos más tristes para el Perú bajo el mando de Fujimori.